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lunes, 22 de junio de 2015
Un escupitajo sobre tu mano
Aquella mañana de enero, lluviosa debí besar tu abdomen, ese que me encantaba, esa libélula con la que soñabas volara entre nuestros cuerpos desnudos. La habitación nunca fue enfrió nuestras caricias. Nunca terminaron los sueños perfectos, te fuiste por mi culpa pero la libélula se hizo mi fiel amiga, con la que te espero en otra mañana lluviosa, fría, en mi sillón con una película para distorsionar los sonidos ajenos al latir de mi corazón por verte desnuda entre mis brazos. No me detendré, sabes que no lo haré. La muerte saboreará cada palpitar de mi órgano vital, porque solo me permitió una vez más junto a ti. No sé que cuentas le voy a entregar al frío por que no creo que mi ser vuelva a estar junto al tuyo. Te dejaré la libélula en un escupitajo sobre tu mano. Perdón pero me llama la muerte.
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