Seguidores

sábado, 21 de mayo de 2016

Mi última oportunidad

La lluvia ha iniciado. La primer gota de agua suele ser la más dolorosa; llegan a mi recuerdos vagos, de cuando me encontraba vivo, podía andar a pie, corría, la tristeza hacía llover a mis ojos, un peculiar aroma endulzaba mis días, conversaciones interminables, por las mañanas mis manos podían recorrer el cuerpo de una mujer, mis labios interactuaban con los de ella, suaves, tan delicados que podría lastimarlos de una mordida. ¿Por qué debí morir si quería vivir eternamente a su lado? Llegó la segunda gota de lluvia y mi llorar por el recuerdo de nuestras manos, parecíamos ser invencibles, rompíamos olas de tragedias, juntos. Tres gotas, cuatro más, cinco, llegando la sexta mis oídos no funcionan, apenas puedo escuchar como rebotan las gotas en mi cuerpo desnudo, no logran penetrarme, sigo siendo fuerte. Siete, ocho y el temor de no saber dónde me encuentro se hace latente, no me ubico, estoy entrando en pánico, ¿dónde nací? ¿Qué hago aquí? ¡Tarararará! Mamáááááá, ¿por qué no tenemos dinero? –Esta vez no pediré nada. –Mami, que te hace falta en la cocina, a los reyes magos les pediré lo que te haga falta. –Queridos reyes magos, quiero un kilo de papa, un kilo de jitomate, tortillas, pan, mucho pan porque me gusta. –Mami estoy muy triste, no me dejan subir a verte por ser un maldito niño, no quiero que te mueras. –Mami, cuídame. –Soy un inútil. -¿Qué se sentirá morir? -¿Existirá Dios? -¿Por qué me trata así? -¿No seré suficiente para ella? –No soy a quien buscas, mi alma está vagando, mi vida no tiene rumbo… Nueve gotas, diez, veinticinco gotas, mi cuerpo empieza a sentir frío. –Te amo, siempre estaremos juntos. –Seremos eternos. Treinta… No puedo, la lluvia es muy rápida, perdí la cuenta. Ya no siento la lluvia, estoy perdiendo el tacto, ¿qué ocurre? Estoy aquí, vamos, puedo ver la lluvia entre mis manos, y como escurre en mi cuerpo. Mi cuerpo tiembla pero no siento nada, solo veo como me tambaleo. ¡Que delicia!, tierra mojada… -¿Cómo llegué a esta cama? -¿Estás aquí mi amor? Se está perdiendo el aroma de esa mujer, ¿a dónde va? –No te vayas, bésame una última vez, corre. -¿Habrá fin del mundo? –Es excitante la muerte. Una gota, dos gotas, cinco gotas, diez; paren, no aguanto, por favor. No acaben con esto aún, prometí regalarle algo de mi antes de morir, no sé quien eres pero te amo, te amo como nunca imaginé, estoy agonizando, acabo de ver mi vida pasar, cada recuerdo era tan real, las lágrimas afianzaron al dolor. Diecisiete gotas, una, dos, tres, una, una, despacio por favor… Acércate, te prometí amor eterno, amor sincero, te ofrecí todo y antes de morir quise regalarte algo, mis extremidades fallan, mi cuerpo no reacciona, el corazón está apunto de detenerse,  anda, toma mis ojos, llévatelos y dales las gracias, siempre me cuidaron, siempre me guiaron, siempre me tuvieron alerta, me hicieron enamorarme de ti, por ahí entró el amor que te tengo, el amor, más natural que puede existir. Cinco, ocho gotas. Una más, dos, debo irme, recuerda cuidar mis ojos, ellos fueron los causantes de tantas muertes, tantas confusiones, tanto amor. Si me amaste o no, ya no importa, estoy a punto de morir, como dije, mi última oportunidad de amar fue contigo, logré amar, de una manera noble, pura, natural, sincera, desinteresada, te amé y te amaré siempre. Una gota, dos gotas, una gota, una… 

domingo, 8 de mayo de 2016

La última elección.

Encontraste la manera perfecta de esclavizar mis manos, tu cuerpo es el lugar perfecto para poner a trabajar mi cuerpo. Cada caricia, cada día, cada beso, cada gemido será una muestra de amor, de la forma en como me aferro a la vida para ser feliz junto a quien esclaviza mis manos para crear caricias nuevas. Después de una jornada deliciosa de caricias, mis yemas deben descansar, más no mis labios; cada extremidad de mi cuerpo te pertenece, cada una de ellas es tuya, con cada parte de mi ser voy a acariciarte, voy a amarte, voy a vivir y morir tan solo si me prometes una cosa. ¿Sabes qué es? Vas a tener que pensarlo cuidadosamente, yo puedo esperar. Si me prometes la muerte tendrás en cielo ganado. Si me regalas tu muerte, yo te regalo la vida eterna. Encontré el amor en tu mirada, la mirada que bloqueó mi camino de forastero, mi camino solitario. Entre la oscuridad de mi sombra encontraste mi mano y con ella mi corazón, era mío pero quiero compartirlo contigo. Es mi última elección, dejar unir mi historia con la tuya. Una historia más.