La lluvia ha iniciado. La primer gota de agua suele ser la
más dolorosa; llegan a mi recuerdos vagos, de cuando me encontraba vivo, podía
andar a pie, corría, la tristeza hacía llover a mis ojos, un peculiar aroma
endulzaba mis días, conversaciones interminables, por las mañanas mis manos
podían recorrer el cuerpo de una mujer, mis labios interactuaban con los de
ella, suaves, tan delicados que podría lastimarlos de una mordida. ¿Por qué
debí morir si quería vivir eternamente a su lado? Llegó la segunda gota de
lluvia y mi llorar por el recuerdo de nuestras manos, parecíamos ser
invencibles, rompíamos olas de tragedias, juntos. Tres gotas, cuatro más,
cinco, llegando la sexta mis oídos no funcionan, apenas puedo escuchar como
rebotan las gotas en mi cuerpo desnudo, no logran penetrarme, sigo siendo
fuerte. Siete, ocho y el temor de no saber dónde me encuentro se hace latente,
no me ubico, estoy entrando en pánico, ¿dónde nací? ¿Qué hago aquí? ¡Tarararará!
Mamáááááá, ¿por qué no tenemos dinero? –Esta vez no pediré nada. –Mami, que te
hace falta en la cocina, a los reyes magos les pediré lo que te haga falta. –Queridos
reyes magos, quiero un kilo de papa, un kilo de jitomate, tortillas, pan, mucho
pan porque me gusta. –Mami estoy muy triste, no me dejan subir a verte por ser
un maldito niño, no quiero que te mueras. –Mami, cuídame. –Soy un inútil. -¿Qué
se sentirá morir? -¿Existirá Dios? -¿Por qué me trata así? -¿No seré suficiente
para ella? –No soy a quien buscas, mi alma está vagando, mi vida no tiene rumbo…
Nueve gotas, diez, veinticinco gotas, mi cuerpo empieza a sentir frío. –Te amo,
siempre estaremos juntos. –Seremos eternos. Treinta… No puedo, la lluvia es muy
rápida, perdí la cuenta. Ya no siento la lluvia, estoy perdiendo el tacto, ¿qué
ocurre? Estoy aquí, vamos, puedo ver la lluvia entre mis manos, y como escurre
en mi cuerpo. Mi cuerpo tiembla pero no siento nada, solo veo como me tambaleo.
¡Que delicia!, tierra mojada… -¿Cómo llegué a esta cama? -¿Estás aquí mi amor? Se
está perdiendo el aroma de esa mujer, ¿a dónde va? –No te vayas, bésame una
última vez, corre. -¿Habrá fin del mundo? –Es excitante la muerte. Una gota,
dos gotas, cinco gotas, diez; paren, no aguanto, por favor. No acaben con esto
aún, prometí regalarle algo de mi antes de morir, no sé quien eres pero te amo,
te amo como nunca imaginé, estoy agonizando, acabo de ver mi vida pasar, cada
recuerdo era tan real, las lágrimas afianzaron al dolor. Diecisiete gotas, una,
dos, tres, una, una, despacio por favor… Acércate, te prometí amor eterno, amor
sincero, te ofrecí todo y antes de morir quise regalarte algo, mis extremidades
fallan, mi cuerpo no reacciona, el corazón está apunto de detenerse, anda, toma mis ojos, llévatelos y dales las
gracias, siempre me cuidaron, siempre me guiaron, siempre me tuvieron alerta,
me hicieron enamorarme de ti, por ahí entró el amor que te tengo, el amor, más
natural que puede existir. Cinco, ocho gotas. Una más, dos, debo irme, recuerda
cuidar mis ojos, ellos fueron los causantes de tantas muertes, tantas
confusiones, tanto amor. Si me amaste o no, ya no importa, estoy a punto de morir,
como dije, mi última oportunidad de amar fue contigo, logré amar, de una manera
noble, pura, natural, sincera, desinteresada, te amé y te amaré siempre. Una
gota, dos gotas, una gota, una…
No hay comentarios:
Publicar un comentario